Carnavales en Aragón
Durante estos días todo es celebración en la provincia, los pubs ofrecen atractivas propuestas aprovechando los carvanales.
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Carnavales en Aragón
Durante estos días todo es celebración en la provincia, los pubs ofrecen atractivas propuestas aprovechando los carvanales.
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Carnavales en Aragón
El sentido común, que es el sentido menos común de encontrar, nos dice que el celo recaudatorio de la SGAE es más que cuestionable.
España. La música no va a desaparecer, por mucho que insista la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).
Eso sí, lo que sí está desapareciendo es el antiguo modelo de negocio, pero no se trata de una tragedia griega, lo cierto es que la descarga de música digital de pago, está en auge, y año tras año van aumentando su recaudación.
La SGAE, pese a su buena fe, sea posiblemente lo peor que le puede estar ocurriendo a la música mientras siga siendo una empresa privada. Ni todo el catálogo musical le pertenece, ni pueden cobrar por toda nota musical que suene. Mientras no hagan público su catálogo, su gestión recaudatoria no será transparente.
Bares, locales y discotecas tienen derecho a saber qué pertenece a la SGAE y qué no, y así poder (por ejemplo) evitar hacer uso de su catálogo.
Estos días es noticia que las peluquerías en Cataluña, han iniciado una campaña para pedirle a su clientela que lleven su propia música al salón ¿la razón? evitar que la SGAE les cobre un impuesto por “poner la radio”.
El impuesto consiste en 72 euros anuales para locales pequeños y 144 euros para peluquerías más grandes por sintonizar una cadena. ¿Cobrarán también a los taxis?
El celo recaudatorio está cobrando un tinte que comienza a ser repugnante, indigna y genera un gran rechazo social, empeorando cada vez más la ya mal trecha imagen de la sociedad de gestión de derechos de autor.
Alguien, en algún momento, con un poco de sentido común, sentido del equilibrio y de la transparencia, deberá decirle basta, se acabó, estos son los límites. Y los límites no son otros que el sentido común.
Cobran por cada CD o DVD virgen que se vende en España, por cada pendrive y teléfono móvil con disco duro, por cada fotocopiadora, escáner e impresora que se vende en el país, por cada concierto que se celebra (incluido los benéficos) y cada reproductor Mp3 que se vende, pero también pagan los bares que cuentan con televisión, los que ponen la radio. Pagan las peluquerías y también los Pubs y las discotecas, y a sus impuestos tampoco escapan las Salas de Fiesta, los hoteles o las fiestas populares.
Alguien, en algún momento, deberá con sentido común aprender a decirle que NO, que todo tiene un límite, que 46.745.807 ciudadanos que habitan suelo español, no están enganchados a la red bajándose música o películas, que quien se baja una canción al teléfono móvil está pagando dos veces por lo mismo: Paga por bajársela, y vuelve a pagar por tenerla en el teléfono. Por eso y por otras cosas, alguien, en algún momento, deberá con sentido común aprender a ponerles un límite.
fuente/notishow.com/
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Alguien debe poner un límite a la SGAE
El sentido común, que es el sentido menos común de encontrar, nos dice que el celo recaudatorio de la SGAE es más que cuestionable.
España. La música no va a desaparecer, por mucho que insista la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).
Eso sí, lo que sí está desapareciendo es el antiguo modelo de negocio, pero no se trata de una tragedia griega, lo cierto es que la descarga de música digital de pago, está en auge, y año tras año van aumentando su recaudación.
La SGAE, pese a su buena fe, sea posiblemente lo peor que le puede estar ocurriendo a la música mientras siga siendo una empresa privada. Ni todo el catálogo musical le pertenece, ni pueden cobrar por toda nota musical que suene. Mientras no hagan público su catálogo, su gestión recaudatoria no será transparente.
Bares, locales y discotecas tienen derecho a saber qué pertenece a la SGAE y qué no, y así poder (por ejemplo) evitar hacer uso de su catálogo.
Estos días es noticia que las peluquerías en Cataluña, han iniciado una campaña para pedirle a su clientela que lleven su propia música al salón ¿la razón? evitar que la SGAE les cobre un impuesto por “poner la radio”.
El impuesto consiste en 72 euros anuales para locales pequeños y 144 euros para peluquerías más grandes por sintonizar una cadena. ¿Cobrarán también a los taxis?
El celo recaudatorio está cobrando un tinte que comienza a ser repugnante, indigna y genera un gran rechazo social, empeorando cada vez más la ya mal trecha imagen de la sociedad de gestión de derechos de autor.
Alguien, en algún momento, con un poco de sentido común, sentido del equilibrio y de la transparencia, deberá decirle basta, se acabó, estos son los límites. Y los límites no son otros que el sentido común.
Cobran por cada CD o DVD virgen que se vende en España, por cada pendrive y teléfono móvil con disco duro, por cada fotocopiadora, escáner e impresora que se vende en el país, por cada concierto que se celebra (incluido los benéficos) y cada reproductor Mp3 que se vende, pero también pagan los bares que cuentan con televisión, los que ponen la radio. Pagan las peluquerías y también los Pubs y las discotecas, y a sus impuestos tampoco escapan las Salas de Fiesta, los hoteles o las fiestas populares.
Alguien, en algún momento, deberá con sentido común aprender a decirle que NO, que todo tiene un límite, que 46.745.807 ciudadanos que habitan suelo español, no están enganchados a la red bajándose música o películas, que quien se baja una canción al teléfono móvil está pagando dos veces por lo mismo: Paga por bajársela, y vuelve a pagar por tenerla en el teléfono. Por eso y por otras cosas, alguien, en algún momento, deberá con sentido común aprender a ponerles un límite.
fuente/notishow.com/
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Alguien debe poner un límite a la SGAE
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